domingo, 11 de mayo de 2014

Madrugadas de nada

Extraño madrugadas enteras, y algunas partes de sus amaneceres.
Se me escurrieron de golpe, o no quise ver que se iban
con cada palabra mal dicha, cada reclamo de atardeceres.
Extraño el sueño entrecortado, la música de fondo,
mis caprichos de huída, los silencios cómodos.
Las sonrisas sin causa, las discusiones vacías,
la paz de no decir nada, la nada misma que fuimos.
Los abrazos apretados, envueltos en frases hechas.
Los retratos repentinos, y hasta tus ácidas flechas.
No quise ser el centro y terminé siendo el blanco.
Tus pies firmes en la tierra y los mios siempre flotando.
Y que extraña la vida, que me hiciste bien sin hacer nada
y haciendo todo te hice daño.
Te extraño sin dolor
 pero duele no entender porque te extraño.

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